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EL FRACASO ESCOLAR: ¿NACEMOS DIFERENTES?

Iniciamos los comentarios sobre los contenidos pedagógicos de “Carta a una maestra” (1) con el apartado ¿NACIDOS DIFERENTES? porque creo que las afirmaciones vertidas en el mismo, aunque denuncian una injusticia real, hoy día han perdido actualidad. Se necesita matizarlas a la luz los avances producidos en las neurociencias del desarrollo. Defender la igualdad entre seres humanos implica la seriedad de la razón fundamentada en los recientes y continuos avances de las ciencias cognitivas. El corazón debe ser la energía que mueve la motivación para producir el cambio, es el órgano que nos capacita para la  empatía por el pobre;  las ciencias el instrumento para planificar un cambio realmente justo y posible.

IDEAS FUERTE DEL CAPÍTULO

1. ” Decís que os habéis cargado a los tontos y a los vagos. Entonces afirmáis que Dios hace nacer a los tontos y a los vagos en la casa de los pobres . Pero Dios no hace estas ofensas…”.

Son bastante los profesores, y público en general,  que aún siguen afirmando que los suspensos se producen en alumnos vagos y/o tontos.  Tenemos interiorizada la convicción de que el que no aprueba es porque no estudia sin entrar ni en las condiciones sociofamiliares ni neurocognitivas que puedan existir tras un fracaso escolar. Es una respuesta que invita a la pasividad y a la aceptación de lo “inevitable” y a depositar toda responsabilidad del fracaso en el alumno y su familia.

En cuanto al recurso de Dios, dando por hecho de que Él no toleraría una injusticia como esta, es obvio que si hay más problemas innatos en la casa de los pobres. Los pobres tienen una peor nutrición, peor asistencia sanitaria obstétrica y perinatal, mayor carga genética, menor implicación en la educación escolar de los hijos y peores habilidades para ayudarles en temas de educación. Estas deficiencias se producen incluso antes del nacimiento. Por tanto, no creo que sea necesario apelar a la “justicia divina” para descalificar a quienes realmente son responsables. A saber: la naturaleza y la pobreza.

2. “La teoría de las diferencias es una teoría fascista… todos los chicos nacen iguales y si luego no lo son, la culpa es nuestra y debemos poner remedio”.

Efectivamente, la teoría de las diferencias  es el argumento utilizado por los fascistas, por los nazis, por los ricos y por los racistas para justificar todo tipo de desigualdad y todos tipo de privilegios de unas personas sobre otras. Sin embargo, es obvio que no todos los niños nacen iguales, ni desde el punto de vista socioeconómico ni desde el biológico. Tomar partido y actuar en base a esta supuesta igualdad ha sido la causa de los mayores discriminaciones en el terreno educativo. Las teorías pedagógicas que dan por hecho de que todos somos iguales, son en la escuela de hoy uno de los mayores sufrimientos para alumnos y padres. Como todos somos iguales no se acepta la variabilidad entre los alumnos en cuanto a sus posibilidades; hay teorías pedagógicas que ni siquiera respetan las variabilidad que se deriva del desarrollo, sin que por ello podamos hablar de la existencia de un problema neuroevolutivo. ¡Cuántos niños son medicalizados porque no evoluciona a la velocidad prevista!?.

3. Por tanto, si nacemos diferentes por razones sociosanitarias, genéticas, neurocogintivas y, por supuesto, son las condiciones socioeconómicas las que vienen a agravar muy considerablemente las condiciones biológicas. La vigencia de las afirmaciones vertidas en el libro son actuales, pero no son suficientes.

Hay razones de tipo biológico, como los trastornos específicos del desarrollo, las capacidades individuales que tan bien se describe en la nueva teoría de las inteligencias múltiples, así como las diferentes variabilidades interindividuales que se dan en todos los estratos sociales, aunque con mayor incidencia entre los pobres. Creo que al planteamiento crítico expresado en “Carta a una maestra” debe contemplar estos conocimientos derivados de la neurociencia y de la neuropsicología del desarrollo.

Pero tampoco podemos caer en la ligereza de justificar el fracaso educativo sólo en las razones biológicas. Existen otras con el mismo o mayor peso que éstas: la pobreza endémica y estructural, la incultura de las clases pobres, la falta de motivación por la promoción educativa de los hijos y la enorme diferencia en la disponibilidad de recursos educativos que minimicen estas causas.

Sobre la responsabilidad de la administración hablaremos en otro post.

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ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada
Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie – Paris;
Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie – Paris;
Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Psicoterapeuta

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