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EL ayuno y la anorexia nerviosa

La práctica del ayuno religioso como causa de la Anorexia 

La anorexia como consecuencia de ayuno

Exponemos a continuación un reflexión personal sobre la cultura del ayuno y su acción como factor de riesgo para la anorexia nerviosa, especialmente durante la adolescencia.

Frente al estereotipo actual del culto a la delgadez, el miedo a coger peso debido a la influencia cultural, presentamos otras situaciones que también pueden actuar como situaciones de riesgo: la sexualidad, la religiosidad y los problemas  de identidad.

Este post viene a colación de que se está poniendo de moda el ayuno como procedimiento penitencial y de oración para ayudar a los demás a superar determinados problemas espirituales y médicos. En el ámbito católico se difunde a través de una web denominada ayunoporti.es y en un perfil de Facebook con el mismo nombre.

El ayuno como forma de penitencia es una praxis que se ha venido realizando habitualmente tanto en el Antiguo Testamento, como en el cristianismo y el islam. Incluso, existe un periodo determinado a lo largo del año especialmente dedicado a ello: la Cuaresma y el Ramadán.

Concretamente, entre nosotros los católicos, se nos recuerda la necesidad del ayuno muy especialmente en la cuaresma que siempre viene acompañado de la oración y la limosna. La cuaresma es un tiempo de penitencia, de reparación y de conversión. Esta tradición sigue vigente y recomendada en la iglesia. Como así lo reflejó Benedicto XVI:  Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar”,  y San Agustín en las Confesiones: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”. Por tanto, el ayuno, como contrapunto de la gula, forma parte de la piedad cristiana. El ayuno purifica.

Pero el motivo de este post no tiene como finalidad escribir sobre el ayuno religioso en cuanto instrumento de penitencia, sino como factor de riesgo para la presentación y/o mantenimiento, especialmente, de la  anorexia nerviosa.

Sería una exageración irresponsable por mi parte si dijera que el ayuno recomendado en cuaresma pueda ser un factor de riesgo en todas aquellas personas que lo practica rigurosamente. Sin embargo, no podemos negar que la historia de la iglesia presenta múltiples casos de santos en donde el ayuno penitencial les ha llevado a padecer una anorexia, independientemente de que no pongamos en cuestión su santidad. Ejemplos de ello, serían Santa Clara de Asís, San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Verónica Giuliani, etc.. Hasta 261 santas ( desde el siglo XII en adelante) han padecido de un trastorno alimentario como consecuencia del ayuno penitencial ((R. M. Bell. L’anorexie sainte. Ayuno y misticismo desde la Edad Media a nuestros días. Paris. PUF))

Por ello, explicaré a continuación cuales son a mi modo de ver las situaciones que comportaría un verdadero riesgo, información a tener en cuenta por los que tiene como función orientar espiritualmente a los creyentes.

  1. El ayuno como procedimiento habitual de penitencia.

El ejercicio de la piedad a lo largo de la historia de la iglesia ha ido cambiando, aunque bien es cierto que hasta el Concilio Vaticano II, el ayuno era obligatorio, no solo durante la cuaresma – que sigue siéndolo -, sino que también era recomendable cuantas veces el creyente lo considerara conveniente como acto de reparación de los pecados y como autocastigo penitencial y purificador. Su práctica estaba totalmente interiorizada. Solo era motivo de preocupación para el entorno cuando las restricción eran tan exagerada que se ponía en peligro la salud o la vida, como sucedió con las santas nombradas el principio del post. La idea básica es que frente a la gula como pecado capital, se contraponía el ayuno como ideal de pureza y penitencia.

2. El ayuno durante la adolescencia, especialmente entre las adolescentes.

La primera crisis del adolescente se deriva de la pérdida de la seguridad que, hasta ese momento, le han proporcionado las relaciones con las figuras parentales. Esta seguridad entra en crisis porque el propio fundamento en el que se han mantenido ha perdido vigencia y no resultan útiles para los nuevos retos con los que se enfrenta. Ante el adolescente se presenta un mundo nuevo que nada o poco tiene que ver con el que hasta ese momento se ha dibujado en el ámbito familiar: egoísmo, injusticia, intereses contrapuestos, competitividad,  infidelidad y falta de compromiso. En definitiva, ante él se presenta un escenario que arrasa con su inocencia de la infancia y que, además, presenta nuevas exigencias y demandas que habían permanecido latentes hasta ese momento y para las que debe dar su propia respuesta. Uno de los retos es la fantasía y la vivencia de una sexualidad genitalizada que pone en situación crítica toda su corporalidad, su vida emocional, social y moral.

En la actualidad existen varios mecanismos que nos pueden llevar a la anorexia. El más frecuente en nuestra cultura hedónista y consumista, se refiere a la exigencia de dar una imagen andrógina ampliamente difundida por los medios de comunicación y muy relacionada con la ideología de género que se transmite a través de las modas de pasarela; los adolescentes desean alcanzar unos cánones corporales que entra en contradicción con su propia naturaleza. La única salida ante esta demanda sociocultural es la restricción alimentaria y el ejercicio físico como procedimientos para conseguir algo que es un imposible porque, en el fondo, a la demanda de un determinado estereotipo sociocultural se le suma el desconcierto ante los cambios del desarrollo corporal propio de la adolescencia que actúan en su contra. Estas restricciones alimentarias anárquicas, irracionales, conjuntamente con el ejercicio físico compulsivo,  son elementos  que actúan como factores de riesgo de la anorexia nerviosa en la adolescencia. La única salida  protectora frente a estos riesgos es el cambio cultural, algo sumamente difícil frente al inmenso poder de los medios de comunicación como difusores de estos cánones – trasformados en auténticos valores –  claramente perversos y utilitaristas.

Otro mecanismo más complejo, está relacionado con la sexualidad. Aquí entran los miedos frente  a las demandas genitalizadas del entorno, o bien los problemas relacionados con la propia identidad sexual que no termina de ser asumida por el adolescente. Hay adolescentes cuya manifestación restrictiva no es más que un intento vano de parar el crecimiento, un deseo inconsciente de permanecer en la tranquilidad de la infancia. Un no querer o no poder hacer frente a las demandas sexuales como consecuencia de una no aceptación de la identidad sexual personal. De aquí la necesidad imperiosa de ocultar a los demás los signos propios del desarrollo psicosexual.

Pero este negarse a experimentar la sexualidad también puede ser el resultado  de una vivencia culpable de lo que son las relaciones sexuales, algo muy propio de la moral católica. La energía de las pulsiones sexuales durante la adolescencia adquieren una inmensa intensidad que el adolescente no puede controlar. Se suele decir que la adolescencia es la etapa del sexto mandamiento. En nuestra cultura religiosa se le da un valor extra a la virginidad. Y cuando esta se pone al servicio de Dios, más valor aún. Esta idea la mantiene la tradición católica desde San Pablo, sin que se hayan experimentado cambios valorativos significativos.

La abstinencia sexual es casi un imposible, tanto para los que realizan el voto de castidad como para los que no. Poder mantenerla, para muchos adolescentes, suponen una vida ascética, de autocastigo, de privaciones y penitencia. Cada vez son menos las adolescentes que utilizan el ayuno como reparación de los pecados contra el sexto mandamiento, aunque aún hay colectivos en donde se sigue manteniendo. Si el ayuno, las autolesiones, sean por el cilicio (antiguamente) u otros procedimientos, forman parte de la penitencia, pueden ser un factor de riesgo para la presentación de una anorexia nerviosa, y muy especialmente cunado se asocia a una alta escrupulosidad de conciencia en una personalidad con rasgos obsesivos . De aquí que los directores espirituales deban tener presente este riesgo y reorientar a tiempo al adolescente.

A continuación explicamos, de forma muy elemental, aunque comprobada científicamente, los mecanismos por los que el ayuno excesivo puede precipitar y mantener un trastorno alimentario.

  1. ¿porqué mecanismos el ayuno puede originar una anorexia nerviosa?.

Lógicamente el ayuno va unido a la pérdida de peso y, si se mantiene en el tiempo, a una pérdida del apetito que contribuye a mantenerlo. Traspasado un umbral, idiosincrásico para cada persona, el ayuno es una necesidad debido a los cambios psicobiológicos y cada vez resulta más difícil el retorno a la normalidad dietética.

Esto se relaciona causalmente con los cambios endocrinos y metabólicos, así como por el incremento de las endorfinas cerebrales. La endorfinas son neurotransmisores encargados de filtrar las sensaciones y se ven incrementadas también en el dolor crónico, ya que una de sus funciones es su acción como filtros de dolor. A nivel psicológico, dan lugar a una sensación de bienestar extraordinaria, de sensación de autonomía y de poder sobre sí mismo incrementando el autocontrol y la autoestima personal. Cuando un adolescente intenta normalizar la conducta alimentaria, esa sensación de omnipotencia, de autocontrol y bienestar, desaparecen transitoriamente, lo que hace muy difícil la normalización. Se trata de uno de los factores de mantenimiento más difíciles de superar. De aquí que la normalización del peso y de la dieta se deban producir y mantener cuanto antes. Un ejemplo de hasta donde es difícil lo tenemos en el comportamiento de Santa Catalina de Siena. Debido al peligro de muerte real por la desnutrición producida por su ayuno, se le pidió por parte de su confesor, de la familia y desde otras instancias eclesiásticas que normalizara su restricción alimentaria, demandas todas ellas inútiles. Santa Catalina transformó una decisión voluntaria en una demanda directa de Jesús. La realidad, en mi opinión, es que ella era incapaz de dejar el ayuno debido a la anorexia producida por desnutrición y por las razones psicobiológicas que hemos referido anteriormente.

  1. Cuáles serían las recomendaciones.

Yo no puedo entrar en valoraciones de justificación teológica del ayuno. Si que entro en aquello que conozco por mi experiencia. En este sentido, recomiendo:

  • El ayuno debe ser moderado y no puede ser un procedimiento habitual de penitencia.
  • Durante la adolescencia la moderación debe ser aún mayor, incluso en determinados casos, contraindicado.
  • No pueden mantenerse espiritualidades ni acciones pastorales sustentadas en el ayuno como forma prioritaria.
  • Existen tradiciones en la iglesia que deberían ser actualizadas a la luz de los nuevos conocimientos. La espiritualidad basada en el sufrimiento de la cruz, debe tener su tiempo, pero no debería ser el único mensaje para la salvación. Bien es cierto que Jesús murió en la Cruz, y perdonen el atrevimiento, después de cenar con sus discípulos, aunque también hubiera ayunado durante cuarenta días en el desierto antes de comenzar con el anuncio de Reino.

ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Psicoterapeuta

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