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El Síndrome de Asperger y en autismo, en general, necesitan recursos

Un niño con Síndrome de Asperger lo cambian de clase en Argentina

El niño con síndrome de Asperger, la alegría de la madres con su exclusión de clase y la solidaridad hipócrita

Madres argentinas, madres españolas e infinidad de madres en el mundo se alegran cuando algún alumno o alumna con necesidades educativas especiales es apartado de la clase en donde están sus hijos. Aún más, infinidad de padres y madres procuran activamente que sus hijos e hijas no mantengan relaciones intensas con niños que presentan estos problemas. Esta es la realidad que yo he vivido y aún vivo.

De boquilla, existe una envidiable comprensión y solidaridad. No hay más que visitar los mensajes que han invadido las redes sociales. Casi todos mentira, apoyos que cambian conformen cambian sus circunstancias. El niño, la niña con necesidades educativas especiales es habitualmente rechazado, acosado, motivo de burlas, el bufón de la clase. Excepto, cuando, agobiado por el acoso, comete alguna agresión. En este momento lo etiquetan de agresivo y peligroso. Nadie tiene en cuenta las risitas, los empujones, las bromas pesadas, incluso crueles, a las que ha estado sometido.

La inclusión es una tarea pendiente por la que cada vez lucha menos gente.

Al más mínimo problema, los padres protestan, critican a la dirección de centro y les reclaman medidas, que casi siempre consisten en apartar al alumno del resto de los compañeros o que  lo expulsen. Por supuesto, los padres del niño con necesidades educativas especiales reivindicará para su hijo un trato no discriminatorio y, a veces, de forma imprudente no desea reconocer las peculiaridades de su hijo/a, lo que no facilita el entendimiento necesario para que se produzca la inclusión.

La mayoría de los profesores no quieren problemas, ni tienen la formación suficiente para manejar con éxito las situaciones difíciles que puedan originarse en el aula. Respiran con un inmenso alivio cuando pasan al aula específica, sea a tiempo completo o algunas horas. No hay una labor formativa, ni educativa que motive a los profesores a enfrentarse a esta situaciones especiales, entre otras cosas, porque también carecen de medios. Y, por supuesto, los padres no se caracterizan por colaborar en tareas de inclusión.

Se pregunta El País  “¿En qué ha fallado la sociedad para que un niño tenga que ser expulsado de una clase por tener capacidades diferentes?”. Yo le respondo, la sociedad viene fallando, al menos, desde hace más de 37 años durante los que tengo relación profesional con estos pacientes. La sociedad, excepto casos muy reducidos, siempre ha procurado apartar a estos niños y niñas de los entornos sociales y académicos “normales”. No queremos problemas y solo pensamos en nuestros hijos. La pedagogía inclusiva, hoy por hoy es un sueño, una utopía por la que luchamos muy pocos profesionales: médicos, psicólogos escolares  y profesores. Los padres piensan fundamentalmente en sus hijos. Solo se muestran solidarios cuando les afecta el problema, o lo viven en la distancia. Por supuesto, no todos los padres, aunque sí la inmensa mayoría.

Para concluir, los medios de comunicación, incluso algunas asociaciones, tampoco ayudan cuando difunden informaciones sensacionalistas y falsas sobre estos niños. En nuestro caso hablamos del Síndrome de Asperger. Muy resumidamente, ¿qué es el síndrome de Asperger?.

  1. En primer lugar, existen más diferencias entre dos niños con síndrome de Asperger que similitudes. Es decir, hay unos síntomas que lo definen, pero no olvidemos que la persona en más compleja que una etiqueta diagnóstica. Este es el primer requisito a tener en cuenta para comprender a los pacientes con Asperger.
  2. Los síntomas más determinantes son la teoría de la mente y las dificultades en la comunicación no verbal Tienen dificultades para interpretar las emociones de los demás, las sutilezas y el doble sentido del lenguaje. Por ello, a veces, sin que sea su intención, pueden herir la sensibilidad de los demás (dicen lo que piensan, no suelen mentir..).
  3. La mayoría, especialmente en la adolescencia, desean relacionarse con los demás, aunque carecen de habilidades, ya que presentan dificultades para interpretar correctamente los códigos sociales.
  4. A nivel cognitivo, son niños y niñas con una estructura obsesiva, muy rígidos, lo que da lugar a que su capacidad adaptativa sea prácticamente nula. Suelen ser muy ritualistas, sufriendo cuando se producen cambios en su entorno y en su vida diaria. Presentan una gran restricción de intereses.
  5. A nivel motor, aunque suelen ser niños torpes motóricamente, este aspecto es variable. Conozco a pacientes que han destacado en algunos deportes. Pueden presentar, movimientos estereotipados.
  6. Son pacientes dóciles, amables, cariñosos, demandan cariño aunque, a veces son autoritarios, desean que todo se realice como ellos quieren y toleran muy mal los cambios introducidos por otros. Esto puede dar lugar a problemas de convivencia.
  7. Hay que romper con el tópico de que todos y todas son muy inteligentes, que tiene una memoria extraordinaria, que son muy buenos en matemáticas, en lengua o en cualquier otra materia. Entre los niños y niñas con Asperger, nos encontraremos de “todo”.

En conclusión: Primero yo, y después yo. A continuación mis hijos. Solo estoy dispuesto a solidaridarme con aquellas causas que me beneficien. Llevar a mis hijos a un colegio católico es simplemente porque, en mi entorno, es uno de los mejores. Me importa un bledo los ideales religiosos. Si alguien entorpece el aprendizaje de mi hijo/a, lo indicado es que lo aparten del grupo y lo lleven a un aula específica. Yo pago para que mi hijo reciba una buena educación, de calidad y sin interferencias. Así es el pensamiento predominante.

Hoy día, la mayoría de los colegios religiosos son dirigidos por personal no religioso, muchos sin fe. Por tanto, no nos engañemos, son franquicias que funcionan con los mismos intereses que los privados concertados no confesionales. Los colegios totalmente privados, no saben qué es la inclusión, ni les interesa, sean laicos o confesionales.

La inclusión es una tarea pendiente por la que cada vez lucha menos gente.

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ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Psicoterapeuta

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