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TALLAS XXS: UNA GRAVE IRRESPONSABILIDAD QUE ARRASTRA A LA ANOREXIA

Joaquín Díaz Atienza, MD

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¡No escarmentamos!. La industria de la frivolidad vuelve a  atacar a nuestros/as adolescentes con la pasividad y connivencia de los políticos y la ignorancia y, en bastantes ocasiones, el agrado de los padres. Las tallas XXS son una provocación para los profesionales que trabajamos con pacientes con anorexia y bulimia nerviosas.

Pasividad y connivencia de los políticos.

Considero que es una pasividad irresponsable de los políticos porque es un tema recurrente y sobre el que reaccionan cuando ya se han producido unas consecuencias desastrosas sobre la incidencia de los trastornos alimentarios (TCA), condenando a un gran número de nuestras adolescentes a una vida cargada de amargura, al suicido o la muerte. Condena, igualmente, a sus familias  a la amargura e impotencia de ver como todas las expectativas sobre su hijas se evaporan, dando lugar a una lucha insoportable y sin esperanza.

Los políticos, ante esta nueva presión de la industria de la moda para imponer como algo natural una talla imposible, deberían reaccionar con las medidas necesarias como para que en décadas no se les vuelva a ocurrir realizar propuestas como estas. El derecho al libre mercado no es superior al derecho a la salud. Proponer estas tallas es un fraude, una provocación a la inteligencia, una invitación a la enfermedad que atrapa a los adolescentes en una etapa de su desarrollo en donde la corporalidad adquiere un valor central en su vida y, al mismo tiempo, está especialmente problematizada (es la edad de los “complejos”, de las dismorfofobias).

Por ello, invito a nuestros políticos a que, ante propuestas como la que estamos denunciando, impidan que esas marcas anuncien sus productos y les impidan su venta. De todas formas, sobre esto guardo pocas esperanzas: Si hace unos años consiguieron bajar en dos puntos la “normalidad” del Índice de Masa Corporal (de 20 a 18), ¿ por qué no permitir que se invite a las adolescentes a la caquexia que supone utilizar esta talla?.

También invito a los políticos que, si no son capaces de enfrentarse a estos lobby de poder, al menos posibiliten los recursos para prevenir y poder tratar estas enfermedades con un mínimo de calidad, algo que no sucede. Al “mercado” de la salud/enfermedad también ha llegado la eficiencia y la optimización: palabras que traducen unos servicios sanitarios cada vez menos eficientes y a una prestación  útil para la galería, pero ineficaz en su objetivo terapéutico.. Y si no, que se lo pregunten a los padres que tienen la desgracia de sufrir este problema en su hija/o.

La ignorancia y, no pocas veces, el agrado de los padres.

Nuestra incultura sanitaria suele ser inmensa. Es más, lo medios de comunicación están vendiendo un canon de salud que puede derivar, por el contrario, en enfermedad. Hoy !hay que estar en forma!. Hay que ir al gimnasio, hay que ir marcando nuestros músculos, como signo externo de buena salud, de fortaleza y autodominio; ¡fuera la más mínima insinuación de tejido graso, aunque para ello se tenga que perder la regla en las mujeres o la libido en los hombres. Lo importante es la apariencia, estar en consonancia con las frivolidades que nos marca esta sociedad del consumo. Hemos perdido nuestra capacidad crítica y nos dejamos llevar por los slogans de los medios de comunicación y las “páginas de Internet”. Este es el fundamento sociológico de la ignorancia de muchos padres y de nuestras adolescentes. Vivimos en la cultura del mito y de la propaganda, vivimos en la superficie porque somos incapaces de llegar al “corazón” de las cosas.

Ante la situación que acabo de describir, no es extraño que haya padres obsesionados con la imagen y que no se den cuenta que sirven como modelos para sus hijos: nuestros valores se van interiorizando a lo largo del  desarrollo en nuestros hijos. En este sentido, si antes nos encontrábamos que alguna de las figuras parentales tenía sobrepeso, ahora se va imponiendo cada vez más la vigorexia o el culto obsesivo por el cuerpo. He visto padres que se sentían contentos por el sobre-cuidado corporal que sus hijos  mantenían, que vivían con satisfacción la visita semanal al gimnasio, satisfacción que se transforma en desconcierto y preocupación cuando se ha perdido todo control sobre la ingesta, cuando cualquier argumentación sobre los peligros de su conducta alimentaria caen en el vacío.

Quisiera concluir con un aviso que no es una exageración. No pretendo generar falsas preocupaciones ni mucho menos alarmismo, sino dar un toque de realidad: los TCA son patologías crónicas que necesitan años (hablo de entre cinco y 10 años) de tratamiento, con recaídas frecuentísimas y en donde el 30% seguirán con la enfermedad para siempre. ¡Es una enfermedad con un coste personal, familiar y sanitario insoportables!.

Creo que es el prototipo de enfermedad en donde adquiere auténtico valor el dicho: ¡Más vale prevenir que curar!

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ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Diplomado en Metodología de Investigación y Epidemiología (EASP- U. de Granada)

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