Divorcio, hijos, nueva pareja

El divorcio y los hijos: Tengo una nueva pareja

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El divorcio/separación siempre es una situación dramática, tanto para los hijos como para los padres, que se complican con las nuevas parejas.

A lo largo de mi trayectoria profesional he tenido la oportunidad de observar una amplia variedad de situaciones que, por supuesto, dependiendo de su complejidad necesitan respuestas serenas, equidistantes y diversas. Analicemos algunas de estas posibles situaciones, aunque no pretendo abarcarlas en su totalidad.

  1. Separación del matrimonio con hijos por debajo de los 8 años, aproximadamente.

En esta situaciones, y siendo lo normal que el padre salga del domicilio habitual, los problemas en relación a los hijos cambia dependiendo de si son niños o niñas.

  • Los niños, al quedar la madre con la guarda y custodia, suelen adaptarse bastante bien a la nueva situación, siempre que la madre no decida tener una segunda pareja. En estos casos se opondrán, presentarán síntomas adaptativos con síntomas especialmente ansiosos y, lo más probable, con conductas de tipo oposicionistas, desafiantes y amenazantes hacia la madre. Si es el padre el que decide tener una segunda pareja, la oposición es bastante menor, aunque va a depender mucho de la relación que establezca la segunda pareja con el niño, así como de las interferencias de la madre biológica. Por supuesto, en ambos casos, la situación no es agradable para el hijo.
  • Las niñas, y damos por hecho que la madre mantiene la guarda y custodia, lo viven como una auténtica situación de duelo y de abandono. Culpará a la madre de la separación e intentará, con mayor intensidad que el niño, revertir la situación. Es frecuente que aparezcan síntomas depresivos y ansiosos, de conducta y regresivas (a veces, con pérdida del control de esfínteres. En la niñas con rasgos temperamentales obsesivos, incluso episodios encopréticos). Vivirá peor que el niño el que su padre tenga una segunda pareja debido a la mayor intensidad del vínculo con la figura paterna  y, por supuesto, cuando es la madre la que comienza una nueva relación, se le derrumba toda esperanza de que la situación pueda revertir. Se enfrentará a la madre por considerar la nueva relación como una traición hacia su padre, incluso en las situaciones en donde es el padre en que toma la iniciativa de la separación. Por tanto, si esto no se lleva con paciencia y prudencia, puede ser una fuente de conflicto importante.

Tanto para el niño como para la niña, las nuevas parejas son indicativas de un no retorno a la situación anterior. Es por ello, que harán todo lo posible para que la situación no se produzca. La separación les produce inseguridad y temen poder perder a sus padres.

  1. Separación de los padres con hijos mayores de los ocho años, aproximadamente.

En esta situación la nueva convivencia suele complicarse aún más, aunque los problemas emocionales adaptativos suelen ser menos intensos, dependiendo de la madurez socioemocional de los hijos. El sufrimiento que les supone la separación, suelen manifestarlo más a través de de la conducta que de las emociones.

Los hijos ya tiene un conocimiento bastante real sobre el hecho de que la nueva pareja mantendrán relacione sexuales, aspecto problemático en estas edades, entre otras razones porque son vividas con celos, como una merma del sentimiento de pertenencia y posesión. Los hijos se ven obligados a compartir la figura parental con un/a desconocido con el que no existe ningún tipo de apego. Para ellos será un intruso o una intrusa que les roba algo que les pertenece en exclusiva. Aquí también variarán las manifestaciones conductuales dependiendo del género.

  • Los niños tolerarán relativamente bien la nueva pareja del padre y, especialmente, si no se le deja la autoridad educativa a la pareja. No es raro observar, que la vivencia del niño acerca de la nueva pareja del padre se materializa sobre una cierta superioridad sobre ella, proyección de un cierto machismo más evidente en los niños (“hago mía la autoridad de mi padre”). Si la nueva pareja del padre delega en él la toma de decisiones importantes, se facilita el establecimiento de una relación bastante armónica. Cuanto más interfiera la nueva pareja en el ámbito educativo, mayor posibilidad que surjan conflictos. En estos casos no es extraño que se produzcan frases cono “tú no eres mi madre”, hacia  las que lo mejor es guardar silencio y no entrar en escalada.

Respecto a la nueva pareja de la madre, los niños se muestran sumamente reacios, harán todo lo posible por impedir que la relación se produzca. En el caso de los niños lo que predomina es el sentimiento de que la madre está engañando al padre, aunque en definitiva quien se siente engañado es él como consecuencia de las reminiscencias del complejo de Edipo (“el extraño que le roba a su madre”).

He observado niños con graves problemas de conducta, tanto hacia la figura materna como hacia la nueva pareja, cuya finalidad es que no pueda llegar a consolidarse: los ningunean en su autoridad, les insultan, intenta estar hipervigilantes para que nunca tengan momentos de intimidad con la pareja.

  • La niñas, a estas edades, suelen adaptarse con más facilidad. Lo que no quiere decir que no presenten sus problemas específicos. Si es el padre el que tiene nueva pareja, esta no será aceptada e intentará implicar a la madre en su objetivo de que no se consolide. En estos casos, es frecuente que la hija le comente a la madre que la compañera del padre les obliga a cosas que ella no hace, que se toma una atribuciones que no le corresponde, incluso que no la trata bien. Esta situación se complicará más o menos, dependiendo de la actitud de la madre biológica: o aclara el tema con su ex-marido sin implicar a la hija, o cree a la hija sin contrastar la información con el ex – marido.  Suelen aprovechar cualquier desavenencia entre los padres para acentuar el conflicto.

Si es la madre la que tiene nueva pareja, aunque no lo viven bien, a la larga suelen tolerarlo más que los niños, siempre que la nueva pareja se mantenga al margen de la educación. Las niñas no suelen reconocerle autoridad y aprovechan cualquier circunstancia para originar enfrentamientos entre ellos.

La edad en donde más resistencia se presenta suele ser la pubertad y la primera etapa de la adolescencia en donde entran en juego otros factores como son la sexualidad vivida de una forma bastante confusa y como un acto de entrega total.

  1. Qué se aconseja a los padres
  • Antes de tomar la decisión de hacer público a los hijos la existencia de una nueva pareja, deben solucionarse todos los desajustes emocionales que la separación ha producido en ellos. Estos necesitan de la confianza y seguridad en las figuras parentales. Introducir nuevos elementos que pongan en crisis la seguridad de que las figuras parentales permanecerán, independientemente de la separación, es generar en los hijos incertidumbres que les llevarán a un gran sufrimiento. Por tanto, prudencia y esperar a que la situación anímica de los hijos se resuelva lo suficiente para poder afrontar la nueva situación.
  • Durante el proceso de superación del divorcio, las figuras parentales debería realizar cualquier esfuerzo por introducir confianza en los hijos, hacerles ver ( y esto es difícil) que el cariño que cada una de las figuras parentales le profesan no está en juego. Aquí es muy importante no proyectar nuestros sentimientos de rabia, de frustración, de resentimiento sobre nuestro hijos en un intento de justificar la decisión  que se ha tomado. Los hijos no entienden nuestros motivos plenamente y ellos, además, no son los que se separan.
  • No intentemos introducir en la mente de nuestros hijos todos los desencuentros, los motivos desagradables, las infidelidades, los malos tratos, en definitiva, las causas que nos han llevado a la ruptura. Ellos lo entenderán y se posicionarán a su manera cuando tengan edad o hayan conseguido superar la emociones negativas que han vivido antes, durante y después de la separación.

Esto no deja de ser un planteamiento general y, por tanto, no dará respuesta a cada una de las múltiples situaciones que suelen presentarse. Si alguien desea seguir profundizando es este tema tan importante para nuestros hijos puede hacerlo a través del FORO. Solo hay que registrase.

JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Diplomado en Metodología de Investigación y Epidemiología (EASP- U. de Granada)

ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Diplomado en Metodología de Investigación y Epidemiología (EASP- U. de Granada)

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Un comentario

  1. Me gustó mucho lo que leí. Vivo actualmente una situación y estas palabras me ayudan mucho

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