Las agresiones, verbales y/o físicas de los hijos a los padres

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Las agresiones de hijos a los padres

Las agresiones, verbales y/o físicas de los hijos a los padres

Las estadísticas no mienten: las agresiones de hijos a padres se han disparado, aunque solo es la punta del iceberg

Acabo de escuchar el programa “No es un día cualquiera”  de Pepa Fernández en  Radio Nacional (RN) sobre las agresiones de hijos a padres, y otros  problemas de conducta que presentan nuestros hijos, tanto en el ámbito familiar, como en su interacción con los iguales, incluso con los profesores. Han intervenido José Antonio Marina – filósofo-, María de la Válgorna – profesora de Derecho Civil- y Francisco Castaño – orientador familia- y oyentes.

El programa ha sido bastante interesante en la medida en que se han manifestado los interrogantes que plantea la educación y sus cada vez más desastrosos resultados según las estadísticas.

En una década hemos pasado de un promedio  9-10 denuncias al año, dependiendo de cada Comunidad Autónoma, a 800 – 900 denuncias de los padres ante la fiscalía por agresiones graves de los hijos hacia alguno de sus progenitores, especialmente la madre.

El programa referido, así como los radioyentes que han participado, a groso modo, resumen las causas de los problemas de conducta en los siguientes aspectos:

  • Los padres actuales son excesivamente permisivos y no saben poner límites a tiempo a sus hijos.
  • Otros cargan la responsabilidad en los cambios producidos en la sociedad como consecuencia especialmente de las redes sociales.
  • Algunos profesores refieren que, cuando llaman la atención a los alumnos, los padres se posicionan sistemáticamente a favor de sus hijos y descalifican la actuación de los profesores.
  • Para otros, es la impulsividad en los niños, muy ligada, refieren, al déficit de atención y de la hiperactividad.
  • También se han referido a las anomalías en la comunicación entre padres e hijos.
  • Por último, en el estilo educativo por parte de los padres. Sostienen que en la actualidad los padres realizan una educación basada en el ordeno y mando (estilo autoritario), centrándose exclusivamente en los aspectos negativos y dejando sin refuerzo u obviando los comportamientos adaptados. También, se ha hablado de lo poco que se trabaja la autoestima.

En este listado causal, se pone en evidencia la gran responsabilidad de los padres en la presentación y mantenimiento de los problemas de conducta en los niños y adolescentes, como así también parece entenderlo el artículo 154 del Código Civil


Artículo 155 del Código Civil: “Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella”.

Artículo 154 : «Los hijos no emancipados están bajo la potestad de los padres. La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica. Esta potestad comprende los siguientes deberes y facultades: Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral, y representarlos y administrar sus bienes».(Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos).


a pesar de la incompresible eliminación de la frase “podrán también corregir razonable y moderadamente a sus hijos” y olvidando los contenidos del artículo 155 . Uno no se puede entender sin el otro. Por ello, la eliminación de esta frase puede transformar a cualquier padre en maltratador cuando intente, en su ejercicio de educador, “corregir razonable y moderadamente a sus hijos”.  Esto conlleva el  que se le atribuyan responsabilidades y se le deja sin instrumentos “razonables y moderados” para educarlos y ejercer su autoridad de padres. El argumentos utilizado consiste  en el supuesto de que esta acción de los padres va contra los derechos a la libertad de los hijos, elevándolo a la categoría de “maltrato”. Dejamos a los padres con toda la responsabilidad y los dejamos, insisto,  sin instrumentos para serlo.

A continuación expongo brevemente en qué consiste mi visión etiológica de los problemas de conducta. Para ello, describiré por apartados las características de riesgo separadamente: en el niño, en  la familia, en la escuela, entre los iguales  y el uso de las nuevas tecnologías. Sin embargo, ya aviso de que la parcelación realizada es puramente didáctica, en el sentido de que todos los aspectos a los que me referiré interactúan entre ellos, adquiriendo más o menos importancia dependiendo de la edad, el sexo y otras variables.

EL HIJO/LA HIJA

¿Cuántas veces no hemos escuchado a los padres decir, tengo varios hijos y a todos los he educado igual. ¡No entiendo por qué este/a se comporta así!.

Dar una respuesta al 100% satisfactoria no siempre es fácil. Pero podemos obtener bastantes respuestas a tal interrogante de los padres:

No todos los hijos heredan el mismo temperamento.

Hay niños que nacen dóciles, tranquilos, reactividad normal, con reacciones emocionales apropiadas ante las frustraciones, más o menos impulsivos, más o menos agresivos, más o menos rígidos cognitivamente ( lo que se traduce en que sean más o menos negativistas, incluso desafiantes). Cuando un niño reúne alguna, o lo que es más habitual, varias de las características temperamentales descritas, nos encontramos con hijos/as que se educan sin grandes dificultades o bien con niños/as cuya educación está salpicada de grandes dificultades. Su máxima expresión, sería los que denominamos “temperamento difícil”.

Con estos niños no nos sirven los estándares educativos. Los padres necesitan “resetearse” y aprender técnicas de modificación de conducta y control emocional, para poder transitar con éxito por un sendero largo y pedregoso. Conseguir modelar un temperamento difícil, necesita comprender, ser flexible unas veces y firme en otras, discriminar lo importante y trascendente de lo escasamente relevante con una visión estratégica bien elaborada de lo que quiero y cómo debo actuar en cada momento, cada día, y pensando muy a largo plazo. La flexibilidad me dará la oportunidad de cambiar con facilidad de procedimiento cuando lo que hago no da resultados.

Pero, si bien esto es cierto, cuando nos interrogamos acerca de “qué es lo que quiero de mi hijo”, hay que ser realistas: qué valores, qué objetivos conductuales y emocionales, qué objetivos académicos, etc. Simplemente, porque al margen de las características temperamentales, es frecuente que concurran otras variables que nos obligan a bajar de la nube, a ser realistas, a no planificar demandas imposibles debido a otros aspectos de nuestros hijos que se lo impiden. Por ejemplo: no es lo mismo un niño con dificultades cognitivas que afecten a su aprendizaje que otro que no las presente.

Más allá del temperamento.

En primer lugar, nos podemos encontrar con un hijos con dificultades en alguno o varios aspectos cognitivos. Uno de los más importantes hace referencia a lenguaje : ¿Entiende bien los mensajes?, ¿se expresa bien?.

En segundo lugar, tenemos otros problemas cognitivos que le puedan suponer dificultades en la interacción con los compañeros de guardería/infantil, siendo fuente de frustración y motivo de estrés escolar.

En tercer lugar, sus habilidades sociales, siendo otra fuente importante del estrés para el niño.

En cuanto lugar, otros trastornos específicos del aprendizaje, a veces tan sutiles que pasan desapercibidos.

En quinto lugar, su problemática puede ser más compleja: problemas con la comunicación pragmática, más o menos hiperactivo. En este último supuesto, es muy importante llegar a un diagnóstico fiable, ya que se propende a realizar falsos diagnósticos y a prescribir medicación no exentos de efectos secundarios que pueden agravar la agresividad. Me refiero a los psicoestimulantes.

Aquí es muy importante por aceptar  al hijo/a que tenemos y realizar el duelo, siempre difícil, del “hijo real frente al hijo fantaseado”.

LA FAMILIA

No he puesto intencionadamente los padres. Hoy día nos enfrentamos a una amplia variedad de familias: monoparentales, homoparentales, reconstituidas, etc. Esta variedad o tipos de familia hace que la educación se enfrente a situaciones hasta hace poco desconocidas.

De todas formas, indistintamente de ello, existirían una serie de aspectos comunes a todas ellas:

– Lo primero es aceptar a nuestro hijo/a tal como es, con su temperamento, con sus posibilidades y con su limitaciones.

– Una vez conseguido, determinar cómo quiero que sea mi hijo, siempre teniendo en cuenta cómo es y que puedo esperar razonablemente de él. Por muy duro que sea el tener que aceptar las limitaciones.

– Hay que establecer un vínculo con nuestros hijos basado en el amor. Mi hijo o hija debe sentirse querido, apoyado. Debemos ser un referente de seguridad para ellos. De nada vale que les proporcionemos los mejores cuidados físicos, que satisfagamos todos sus deseos y caprichos, sino sustentamos nuestra educación en el amor. Lo primero, nos conducirá, cuando menos, a un hijo caprichos, lo segundo es el modulador que  fundamenta una educación rica en equilibrio emocional y una excelente autoestima.

– Hay que ser coherentes con lo que pedimos, predicar con el ejemplo, y no discrepar entre ambas figuras parentales delante de nuestros hijos o hijas.

– Hay que ser persistentes, no dejarnos llevar por la presiones de nuestros hijos, y mantener durante el tiempo necesario, con firmeza y sin agresividad, las demandas que les formulemos.

– Si nuestros hijos no pregunta ¿”y por qué”? se les da una sola explicación asegurándonos  que nos han entendido.

– Muchos de los problemas comienzan con el colegio: no exijáis imposibles, sed realistas y reforzar siempre los pequeños logros que vayan consiguiendo. Nuestra actitud debe ser siempre en positivo, aunque nos parezcan poco importantes.

LA ESCUELA

Hay excelentes profesores y profesoras, aunque no siempre es así. Si por desgracia nos toca un profesor poco tolerante, que exige a los niños conductas como si fueran adultos, rendimientos sin tener en cuenta la amplia variabilidad en cuanto a las posibilidades y comportamientos de los alumnos y alumnas, que siempre intentan descargar la responsabilidad en los padres, entonces tenemos un problema. A veces tan grave que lo mejor es plantearse cambiar de centro escolar.

Para evitar esto, hay que mantener un contacto profesor/padres continuando. En bastante ocasiones no estamos ante una mal profesor/profesora, sino ante el desconocimiento de sus alumnos, de sus dificultades o de sus posibilidades. Con excesiva frecuencia la escuela tiende a homogeneizar por “arriba”, lo que supone un infierno para los de “abajo”.

Comunicación, adaptabilidad, espíritu inclusivo, y no olvidar que para los alumnos y alumnas los profesores son “dioses”.

REDES SOCIALES

Control absoluto del uso que nuestros hijos hacen de sus móviles y de las redes sociales. Hay que administrar el tiempo, dando prioridad a las actividades que impliquen favorecer las habilidades sociales: deportes, club, asociaciones infanto-juveniles, etc.. Esto debería ser una consigna de obligado cumplimiento en los padres.

Para ello, predicar con el ejemplo, predicar con el ejemplo y, por último, predicar con el ejemplo. El único camino que nos da autoridad.

Hoy las redes sociales y los juegos online, son el mayor problema con el que nos enfrentamos los padres. Y no hay otra solución que control absoluto del tiempo de uso, supervisión absoluta sobre qué uso, y actuar inmediatamente desde la primera vez que haga un uso inadecuado.

Las redes sociales, tienen algunos aspectos positivos, aunque muchísimos negativos que es responsabilidad de los padres el saber gestionar… con ejemplo y autoridad.

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ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Psicoterapeuta

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