Vanessa Springora, "Le consentement", y el pederasta Gabriel Matzneff

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El pederasta Gabriel Matzneff

El libro de Vanessa Springora, “Le consentement”, desenmascara al pederasta Gabriel Matzneff

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Vanessa consigue despertar la culpa de la sociedad francesa ante su complicidad con la pedofilia que defendieron muchos de sus intelectuales de izquierdas

La sexualidad en el ser humano sigue un patrón evolutivo igual que otra áreas, sea el lenguaje, el desarrollo motor, el control de esfínteres, la cognición, etc. Los niños van tomando conciencia, tanto de la diferenciación de los órganos sexuales entre niños y niñas, como del hecho de que acariciar sus órganos sexuales les produce placer. Esto no es novedoso para los padres, ni para todos los que trabajamos con la infancia. La “masturbación” infantil, no solo no es algo reprobable, sino que forma parte del desarrollo normal de la sexualidad. De aquí la necesidad de que los niños aprendan a conocer su cuerpo y que vivan con naturalidad ese descubrimiento de sus órganos sexuales y sus posibilidades de proporcionar placer. En definitiva, no es más que una actividad auto-exploratoria absolutamente necesaria para que se produzca un desarrollo psicosexual armonioso.

Sin embargo, abordar la experiencia sexual infantil como si se tratara de la sexualidad adulta es un grave error que puede causar serios trastornos, incluyendo la promiscuidad, especialmente durante la etapa del desarrollo más turbulenta del ser humano: la pubertad/adolescencia. Educar en sexualidad implica enseñar desde niños a experimentarla responsablemente. La sexualidad supera al mero placer genital, ya que se integra en la personalidad, en la globalidad de la persona, mediatiza nuestra vida socio-emocional y nos facilita la convivencia con los demás. Una sexualidad sana implica saber manejar con libertad y autonomía emocional, las consecuencias positivas y negativas que conlleva su experimentación con el otro y consigo mismo. El acto sexual satisface plena y humanamente si forma parte de una trama construida por el deseo, la emoción positiva hacia el otro y la certeza de una correspondencia de complicidades y sentimientos. Nos gusta ser tratados como seres humanos y nos frustra sentirnos solo como objetos de placer. Por ello, la realización de un coito no es más que la descarga de un deseo sexual, en modo alguno es amor. La realización del acto sexual sin que medien afectos positivos, solo se diferencia de lo que hacen los animales, en que los seres humanos experimentarán, con casi absoluta seguridad, un vacío existencial e insatisfacción personal en un plazo más o menos corto. Esto explicaría, en parte, la alta frecuencia de las incursiones sexuales con múltiples parejas, sin que la persona se sienta realmente satisfecha y valorada desde un punto de vista vivencial.

En este entramado evolutivo de sexualidad y afecto se sitúan las mayores posibilidades de que un menor pueda ser victimizado por los pederastas. Los hijos que crecen con carencias emocionales, sea por situaciones familiares o sociales, los que padecen trastornos emocionales y/o dificultades cognitivas son especialmente vulnerables a las demandas sexuales de adultos manipuladores, seductores, narcisistas y carentes de escrúpulos.

Debemos distinguir entre pedofilia, hebefilia y efebofilia. La primera hace referencia a la atracción sexual por menores que aún no presentan signos puberales;  la hebefilia cuando el menor presenta signos del desarrollo puberal (también conocido como Complejo de Lolita), y efebofilia a partir de los 13 – 15 años (primeras etapas de la adolescencia). El DSM -5  no realiza este tipo de subdivisiones, aunque si fueron discutidas durante su elaboración por el Comité de Expertos. Tabla -1.       

Criterios diagnósticos del DSM-5

En una época en la que se habla tanto de la autonomía del menor, del respeto a su libertad, no es difícil que nos encontremos con algunos sospechosos e  interesados voceros que defiendan el consentimiento y la ausencia de violencia como únicas barreras frente a las relaciones sexuales entre menores de edad y adultos. De hecho, la edad del consentimiento varía según los países. En España está en los 16 años, aunque hasta el año 2015 estaba en los 13 años, siendo una de las edades más bajas. Este incremento de edad se decidió finalmente en contra del PSOE y de UPyD. Pretendía equipararnos con otros países europeos: Irlanda, 17 años;  Reino Unido, Suiza y Noruega,16 años;  Francia y Holanda, 15 años. “Sorprendentemente”, el Vaticano quien tenía en corte de edad más bajo: 12 años.  

Vanessa Springora y su libro “El consentimiento”.

Vanessa creció en un ambiente familiar con carencias afectivas importantes. A la edad de 13 años acompañó a su madre a una comida con escritores y artistas. Allí conoció al pederasta y escritor Gabriel Matzneff. La colmó de atenciones y afecto impostado. Por primera vez se sintió querida e importante, cediendo a los deseos del pederasta y promiscuo Gabriel Matzneff, cuando tenía 14 años y el 50. Fue un idilio maravilloso en tanto en cuanto permaneció la mentira como si fuera verdad. Descubre las múltiples infidelidades de Gabriel con otras adolescentes más jóvenes que ella. Toma conciencia de que tiene fecha de caducidad en la medida que crece. Lo descubre cuando ella se acicala como cualquier adolescente de su edad y Gabriel reacciona bruscamente censurando ese comportamiento porque aparentaba más edad. La edad es el único atractivo, o el gran impedimento, para mantener la relación sexual con un pederasta. Finalmente, aprovechando un viaje de Gabriel a Filipinas, uno de esos viajes que él realizaba para abusar de menores de edad vulnerables, lo deja.

Finalmente, tras una existencia emocionalmente tormentosa que incluye una hospitalización debido a un brote psicótico, consigue encontrar a un hombre en el que apoyarse. Su relación con Gabriel marcó negativamente su vida. Cuando la superación de sus traumas alcanzan el grado suficiente, encuentra las fuerzas para plasmar por escrito muchos de los interrogantes que han planeado sobre su alma sin encontrar respuesta. ¿Cómo era posible que nadie se diera cuenta de que las relaciones sexuales entre una adolescente de 14 años y un adulto de 50 adolecen de tal asimetría psicológica y emocional que necesariamente no pueden ser sanas?; ¿cómo era posible que en las décadas de los 80 y 90, no ya las relaciones efebofílicas, sino las pedofílicas, tuvieran un tal asentimiento social y mediático?; ¿hasta dónde había penetrado el movimiento pederasta en las estructuras del poder político para que el mismo Presidente de la República François Mitterand tuviera que entrevistarse con la periodista canadiense  Denise Bombardier para “marcar distancia” con el pederasta Gabriel Matzneff?.

La publicación del libro de Vanessa Springora ha despertado la mala conciencia y la culpa de los franceses, prodigándose las entrevista en radio y televisión a modo de reparación colectiva ante una historia ligada fundamentalmente a sus intelectuales de izquierdas.

Su lectura nos ayuda a penetrar en la mente de una adolescente que, como todas y todos los adolescentes, son  rebeldes, mitómanos y rupturistas con lo aprendido durante la infancia; desean ser ellos mismos, obstinándose en una búsqueda de autonomía que los hace especialmente vulnerables. “.. un adolescente vulnerable buscará siempre el amor antes que la satisfacción sexual. Intercambiando marcas de afecto (o del dinero que falta a su familia) a las que el aspira, aceptará el ser un objeto de placer, renunciando así durante mucho tiempo a ser sujeto, actor y gestor de su  sexualidad” Vanessa Springora

La frivolidad de un sinvergüenza: 

 

ACERCA DE JOAQUIN DIAZ ATIENZA

Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la U. de Granada Psiquiatra por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Psiquiatra Infanto-juvenil por la U. Pierre et Marie Curie - Paris; Master en Bioética; Master en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva; Psicoterapeuta

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