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La desigualdad ante la muerte

Por decisión del gobierno y de 198 diputados y diputadas, los españoles no somos iguales ante la muerte

No entraré en el debate bioético acerca de la bondad o maldad de la ley de la eutanasia y su aprobación por una amplia mayoría en el Congreso de los Diputados. Tampoco voy a escribir sobre la “pendiente resbaladiza” y su macabra confirmación en los paises que han legalizado el suicidio asistido y la eutanasia. Son aspectos a los que cualquiera puede acceder y, por tanto, forjarse su propia opinión.

Lo que sí deseo manifestar es la injusticia que hoy ha cometido el Parlamento, bajo el paraguas de la libertadad, de la autonomía y de la “muerte digna”, con la aprobación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (y del sucidio asistido). Se escuchan expresiones como “se gana en libertad”, “se respeta el deseo del paciente”, “nos homologamos con los paises más avanzados de nuestro entorno”, “el Estado no obliga”… mientras se tiene in mente la imagen de un paciente moribundo presa de dolores horribles y rodeado de médicos y enfermeras inmisericordes e indolentes empeñados en mantenerlo con vida como si de un ritual sádico se tratara.

Lo que no se dice:

  • En su necesario papel garantista, la ley implementa una serie de filtros que serán obviados en la misma proporoción que la muerte se transforme en rutina y el enfemo en una carga asistencial o económica. Esto es simple y sencillamente lo que sucede en los paises que la han legalizado con anterioridad. Los juzgados van dando buena cuenta de ello.
  • Ese “testamento” de voluntades anticipadas, será un documento del que el sujeto jamás podrá dar marcha atrás, sea por incapacidad debido a su estado de inconsciencia, o sea por estar diagnosticado de demencia (incapacidad cognitiva). Se le niega a este último la posibilidad de presentar momentos de lucidez durante los que pueda cambiar su decisión. Un ejemplo de ello lo tenemos en la doctora holandesa absuelta por los tribunales, que decidió poner fin a la vida de una anciana con demencia, que se negó en el momento de materializarse lo que ella con anterioridad habia decidido. Pudo más la desición tomada con anterioridad a la enferemdad que su deseo de arrepentirse en el momento de aplicar la eutanasia.
  • Con la ley de eutanasia y suicidio asistido sucederá lo mismo que con la ley del aborto. Primero, se inició un amplio debate social sobre la moralidad/inmoralidad del mismo. Caló profundamente en la sociedad que la existencia de determinados supuestos y el principio ético del mal menor, podrían justificarlo en situaciones de violación, de malformación fetal, de riesgo vital para la madre… y siempre que se produjera dentro de unos plazos en los que el feto no habría conseguido el suficiente desarrollo como para que pudiera ser considerado persona. De aquí se pasó al aborto por plazos. Es decir se cambió el supuesto, por la acción puramente anticonceptiva. Se le retira al feto cualquier valor humano y todo derecho y solo se prioriza la comodidad/conveniencia y autonomía de la embarazada. Hoy sabemos que el aborto está permitido libremente incluso en el momento de parto. Estamos entrando por la puerta grande del infanticidio grecorromano (en donde la vida o la muerte del recién nacido dependía del visto bueno del pater familias, ahora depende de la embrazada).
  • La ley respeta la objección de conciencia. ¿Cuánto tiempo durará este respeto?. Más pronto que tarde asistiremos a la estigmatización de aquellos profesionales que pongan objeciones éticas a su participación en el suicido asistido. Serán calificados de peapilas, de fachas, de insensibilidad y falta de compasión… nos los presentarán como monstruos frente a los héroes y heroinas que colaboren. De heho, ya se ha hablado en los medios de comunicación del “calvario sufrido por el Dr. Luis Montes”, quien sedaba hasta la muerte a los pacientes que el consideraba terminales sin avisar a los familiares. Solía decir que en “este país se muere muy mal”, y tenía razón, aunque siempre se le olvidaba decir que existen muchas formas de morir bien y dignamente, pero siempre con una puerta de entrada: la oferta de unos sevicios de cuidados paliativos de calidad.
  • Y termino por donde tenía que haber empezado. No se puede celebrar una ley que obvia la existencia de una ley plenamente desarrollada sobre cuidados paliativos. España se sitúa en el puesto 31 de los 51 paises más avanzados en esta materia. Estamos al mismo nivel que Georgia y Moldavia. Éticamente no se puede sostener que ocupemos el puesto número seis de los paises que legalizan la eutanasia sin ocuparse previamente de desarrollar la alternativa de los cudados paliativos. Hemos escogido no el mejor camino, sino el menos gravoso económicamente y el que deja la puerta abierta a la eugenesia y a la eliminación fácil y económica de la población “no rentable” en una sociedad capitalista e insolidadaria. No es una ley que diginifique la muerte, sino una ley que es un “aliviadero” de deshechos sociales.

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